Rostro materno de Dios

En los países cristianos, vivimos la devoción a la Virgen María. ¿Pero quién la extiende por el mundo no cristiano? Eso lo hacen los misioneros, los apóstoles.

Ellos no pueden hablar de Jesús sin presentar a su Madre. Y no pueden hablar de María sin presentar a Jesús. La devoción a María no es un lujo, un capricho, sino algo necesario en la fe de un cristiano.

Llamamos a María Rostro materno de Dios. Estamos acostumbrados a sentir, de modo singular, el cariño de nuestra madre. Dios ha querido que sintamos su amor de Padre a través de la Madre que Él mismo dio a Jesús, Hijo de Dios y Hermano nuestro. Más aún, la ha hecho Madre de la Iglesia. San Juan de la Cruz afirmaba: “La Madre de Dios es mía”.

FLOR: Reza con toda confianza y cariño: “La Madre de Dios es mía”.